Hace muchísimos años en un viaje de un fin de semana a Pinamar comencé a leer en la playa (no recuerdo si lo acabé) un libro muy bueno de Paul Auster llamado «El Palacio de la Luna»; lo que si recuerdo es que la historia me enganchó mucho, aunque a mi 32 años no sé si me aguantaría leerla completa….
Marc Stanley Fogg (por Marco Polo, por el Stanley que encontró a Livingstone y por el Phileas Fogg de La vuelta al mundo en ochenta días) está a las puertas de la edad adulta cuando los astronautas americanos ponen el pie en la luna.
Hijo de padre desconocido, muerta su madre cuando él tenía once años, Marc Stanley fue criado por su tío Victor, un excéntrico que se ganaba la vida tocando el clarinete en orquestas de mala muerte. Ahora, en el comienzo de la era lunar y muerto Victor, Marc Stanley Fogg tiene dinero para sobrevivir unos pocos meses más. Gradualmente, pero sin pausa, va cayendo en la indigencia, la soledad y una suerte de tranquila locura de matices dostoievkianos, donde su vida se reduce a explorar los gozosos infiernos del despojamiento absoluto.
Vive ya como una animal en una cueva del Central Park, en un semidelirio provocado por el hambre, cuando la bella Kitty Wu le rescata. Fogg se salva y decide, por primera vez en su vida, buscar un trabajo. El destino, y una compleja red de significantes en torno a la luna, lo lunar y le luz, le llevan a trabajar como lector y acompañante de Thomas Effing, un viejo pintor paralítico. Y escribiendo la biografía de Effing, que éste quiere legar a Solomon Barber, el hijo al que nunca conoció, Marc Stanley Fogg descubrirá, en un viaje que le lleva desde el palacio de la Luna, un restaurante chino de Nueva York, a los lunares paisajes del Oeste americano, los misterios de su propio origen, el nombre y la identidad de su padre.Paul Auster ya había utilizado, en Ciudad de cristal y en El país de las últimas cosas, las convenciones de la novela al género -la policíaca y la de ficción científica, respectivamente-. En El Palacio de la Luna recurre a la novela de aventuras a lo Julio Verne, a los folletines del siglo XIX y hasta a la novela victoriana para construir uno de los libros más sutiles, más llenos de resonancias de la literatura americana contemporánea. El Palacio de la Luna puede ser leído como un elegantísimo folletín contemporáneo sobre la paternidad y la impostura, pero también como una espléndida novela de aventuras sobre la aventura de crear.
“El Palacio de la Luna es, tal vez, la mejor novela hasta la fecha de un escritor de enorme talento…” (Patrick Parriender, The London Review of Books)
“Auster es un escritor de culto entre otros escritores. El Palacio de la Luna, irónica y compleja, deslumbre con sus (FALTA) lunares y, como la luna, fascina.” (ALA Booklist)
Este texto acompaña la edición que he recuperado del libro, no tengo el nombre del autor…
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