Que una chica con 14 años quiera morirse debería servirnos para ver cuán enferma está nuestra sociedad:
Creo que todo empezó hace dos años. Yo tenía doce recién cumplidos, acababa de empezar el instituto. Llegué de un colegio muy pequeño, donde nunca me había faltado la compañía.
Creo que pasé de ser una persona a ser un simple número, o al menos así me sentí. Nunca llegué a integrarme. No encajé. No caía bien, de modo que sufrí acoso escolar hasta diciembre del año pasado. Eso, sumado al sobrepeso que había padecido cuando era más pequeña, a los comentarios hirientes sobre mi aspecto y a la tan famosa «operación bikini» que habían puesto en marcha mis amigas por aquel entonces me impulsaron a buscar una dieta efectiva… y así llegué a las páginas pro. No era consciente de lo que hacía, ni del berenjenal en el que me estaba metiendo.
Dios mío, cómo pude hacerme tanto daño… aquel flaco favor podría haberme costado la vida. Iban pasando los días, yo adelgazaba cada vez más. Mis padres se daban cuenta, pero yo mentía, mentía mucho. Y todavía lo hago, no es algo que pueda controlar. Les engañé vilmente. Los manipulé para que me dejaran convertirme en vegetariana.
Escondía la comida, la tiraba en sus narices, pero ellos nunca se dieron cuenta. Me sumí en una profunda depresión. Intenté suicidarme dos veces, pero ellos tampoco lo saben.
No dormía. No comía. No hablaba. Reía a la fuerza… ocultaba un secreto. Para mí era un secreto sucio y oscuro. Me daba asco. No era yo, sino ella. Ana, o Hannah, como la llamábamos nosotras (en algunos foros pro).
Pasaron los meses. Meses de sufrimiento inhumano… pero yo era una niña. Yo soy una niña. Es horrible, cada mañana es un infierno… sólo deseo que mi vida acabe cuanto antes. Me di cuenta de que me estaba matando cuando no podía andar por la fatiga. Cuando mis huesos empezaban a hacerme daño…pero yo me seguía viendo gorda y fea. Necesitaba controlarlo todo.
Yo tenía el control, creía. Craso error, la situación se me había escapado de las manos. 39-42 kilos. 1,61. Ahí estaban mis cifras, ellas hablaban por sí solas. Pedí ayuda. A gritos. Ya valía de dolor, de llanto desesperado y súplicas al cielo. Ahora me encuentro en tratamiento psiquiátrico.
Espero que todo vaya mejor, espero salir…
Pero, aún así, la mitad de mí sigue deseando descansar para siempre.
Muchas gracias.
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Creo que pasé de ser una persona a ser un simple número, o al menos así me sentí. Nunca llegué a integrarme. No encajé. No caía bien, de modo que sufrí acoso escolar hasta diciembre del año pasado. Eso, sumado al sobrepeso que había padecido cuando era más pequeña, a los comentarios hirientes sobre mi aspecto y a la tan famosa «operación bikini» que habían puesto en marcha mis amigas por aquel entonces me impulsaron a buscar una dieta efectiva… y así llegué a las páginas pro. No era consciente de lo que hacía, ni del berenjenal en el que me estaba metiendo.



