Ayer a la tarde mi hijo, con otros 4 niños, estaba divirtiéndose en un charco con barro. Todo era alegría, diversión y barro, mucho barro. Hasta que llego un niño de unos 5 años y ante la asombrada mirada de las madres que allí estaban y ante la indeferencia de su padre, se puso a orinar en el charco. No contento con ello soltó su lapidaria frase: “ahí os quedáis con mis pises” su padre lo miro, lo llamo, le alboroto el pelo y le dijo: “venga vamos para casa”.
Hace 2 semanas mientras mi hijo jugaba en un castillo hinchable, llego un niño mayor que el, le empujo del caballito hinchable donde estaba subido. Ante semejante actitud su madre le dijo, “Bien hijo, ya te has subido al caballito”.
Hechos como estos, suceden cotidianamente a nuestro alrededor. El problema , creo yo, no es ya lo que el crió hace (que también tiene lo suyo), si no la actitud pasota y contemplativa de sus padres. Unos padres que siempre que se les dice algo se excusan en la frase “no es mas que un niño” como si ser un niño les diera carta de libertad para hacer lo que les de la gana. Y que como mucho y si creen que su hijo se ha pasado de la raya, le reniegan con un “malo, eres muy malo” y terminan con “venga, dale un besito”. Ya esta y con eso se soluciona todo.
Estoy seguro que esos mismos padres, a esos mismos hijos y en su casa no les pasan ni una, pero que fuera de casa los defienden por encima de cualquier cosa y les dan vía libre para hacer lo que le de la gana.
El gran problema, me parece a mi, es la falta de responsabilidad como padres, que existe hoy en día en esta sociedad. Es como si nuestros actos y nuestra manera de comportarnos y hablar a nuestros niños, no fueran a influir en su actitud de hoy y en su forma de ser del mañana. A los niños no se les escucha, solamente, y solo si su actitud les molesta a los padres, se les reprime y se les castiga. Yo personalmente estoy cansado de ver padres que llegan al parque, sueltan a sus hijos de 2 años y se sientan en la terracita (si no es dentro de la cafetería) a hablar con sus amistades. Mientras su hijo campa a sus anchas, sin vigilancia y sin que nadie le diga nada cuando hacen algo que molesta a otros niños. Luego cuando este niño crezca, y ya no solamente no respete a otros niños, si no que no respete a nadie, ni ha sus propios padres, estos saldrán corriendo a por la supernanny, diciendo “que malo es mi hijo”
Como dice el refrán, de estos barros, aquellos lodos.
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